Cada día molesta más esto de ser un freak. No por nada, salvo por el hecho de que este término, que, en realidad, tan pocos emplean apropiadamente y que tantas características y matices distintos posee, se ha convertido en una palabra sobada, usada y gastada hasta el exceso, que como bien se sabe es excremento. Hoy, todo el mundo es freak, frik, friki o friqui, que poco importa cómo se escriba. Hay un Día del Freak, como lo hay del niño, de la mujer maltratada, de los animales y de cualquier cosa que necesite protección (o lo parezca). La gente presume de ser freak de esto o de aquello. Y, en definitiva, el freak, lo freak y los freaks, son ya parte integrante de ese aburrido contubernio que forman y conforman los mediocres de este y los otros mundos.
¿Dónde están los freaks de antaño?
Podríamos decir con acento melancólico… Pero tampoco apetece ponerse falsamente nostálgicos. Los freaks se han reunido con el gore, lo bizarro (en lugar de lo bizarre) y hasta lo psicotrónico, palabros altamente especializados que muchos escupen de continuo, sin orden y en perpetuo desconcierto, robándoles la magia de lo elitista, selecto y esotérico. El resultado, claro, va más allá del mero análisis etimológico o semiótico. Llega al extremo de la perversión. Así, nuestros más auténticos freaks, aquellos que entre finales de los 80 y primeros 90 introdujeron la mirada irónica, bárbara y posmoderna en su cine y su literatura, los que practicaron el más descarado cine de caspa y ensayo, los que promovieron la deconstrucción de los géneros a través de la propia práctica del género, se han ido domesticando a la par que lo hacía el propio término freak, que los unificaba y homogeneizaba en apariencia.
Freaks ejemplares o ejemplos del freak
Santiago Segura, Álex de la Iglesia, Juanma Bajo Ulloa, Enrique Urbizu, Jaume Balagueró, Nacho Cerdá, y tantos otros cineastas (seguramente molestos si se vieran reunidos en esta lista), ya no forman la vanguardia de lo freak, sino que se han convertido en freaks ejemplares o ejemplos del freak, que contribuyen, en manos de los medios desinformativos y deformativos al uso, a normalizar, neutralizar y anestesiar la esencia verdadera (sea la que sea) de lo freak. No se crea que critico gratuitamente a éstos y otros clásicos de nuestro panorama freak nacional… No. Yo mismo me incluyo en el listado (junto a muchos de mis colegas generacionales). Lo malo no es este proceso inevitable y caníbal, propio de la sociedad posmoderna, que todo lo deglute, digiere y vomita… Lo malo es que no hay relevo. Abundan los freaks de nuevo cuño, los neo-freaks, por así decir, que miran a los grandes próceres del frikismo nacional y buscan en ellos la inspiración para… Triunfar. Increíblemente, el freak ya no es quien se aparta al margen de la corriente general, sino quien quiere bañarse en ella presumiendo de ser diferente. Miles de cortometrajistas, fanzinerosos y webmasters esperan la llegada de su hora freak. Aquella en que se conviertan en califas en lugar del califa. Y eso es lo que ha matado al freak. Se diga lo que se diga de la vieja generación, esta surgió de sus propios vicios y manías, fue “a rebours”, y si triunfó, sabe que su triunfo es pírrico y lo reconoce con ironía…
Los nuevos freaks
Los nuevos freaks buscan el triunfo por el triunfo mismo, y creen que el gore, lo bizarro, la caspa, el porno, el friquismo, en definitiva, son el camino hacia la meta última del éxito. Naturalmente, son los hijos de “O.T.” y “Gran Hermano”, son los vástagos de un mondo freak en el que se funden y confunden los trekkies, los geeks, los nerds y demás tribus con los travestís agonizantes, los enanos gangosos, las cantantes operadas y recauchutadas y demás freaks de carnaval tercermundista que desfilaron por “Crónicas Marcianas”. Para los nuevos freaks, lo que antes llamábamos underground, contracultura, movimiento marginal, fandom y demás, es solo un largo e ingrato concurso, un videojuego con pantallas a superar, una tras otra, antes de llegar a salir en la tele, dirigir un largo, publicar un libro… No saben que, como reza el tópico zen, el camino ES el fin. Y eso, amiguetes, será el final de lo freak, si es que alguna vez existió realmente en nuestro país.