CUÉNTAME CÓMO ACABA:
Pasado, presente y futuro del fin del mundo

 

Por Arturo Villarrubia

1. DOMINIO DEL MIEDO

“Así es cómo termina el mundo.
No con una explosión sino con un susurro”.

T. S. Elliot, Los hombres huecos

La mayoría de nosotros nos adentramos allí por razones personales y casi siempre esperando. Esperando que el médico nos dé los resultados de ese análisis sobre el cual las enfermeras se niegan a adelantarte nada, esperando que nos reciba ese superior sonriente que nos va a notificar nuestro despido, esperando que nuestra pareja nos diga por qué tiene que hablar muy seriamente de nuestra relación. Pero a veces surgen miedos que llegan hasta donde alcanza la vista y que nos afectan, nos guste o no, a todos nosotros.

El maestro del humor macabro Gaham Wilson comentaba que el mayor susto de su vida se lo dio Oppenheimer, el padre de la bomba atómica, cuando dejó caer de manera causal en una entrevista televisiva que su mayor preocupación antes de las pruebas de Alamogordo, era que consideraba real que una reacción en cadena podía acabar con la vida en la tierra, provocando la ignición de la atmósfera del planeta.

Obviamente tal reacción en cadena no tuvo lugar. Sin embargo, la posibilidad de sobrevivir a un intercambio nuclear inaugura cincuenta años de terror para la mayoría de la humanidad. La mejor descripción de dicho miedo es La hora final, de Nevil Shute (1957) llevada al cine dos años más tarde por Stanley Kramer. Independientemente de su valor artístico, la novela y la película actúan como antídoto a la propaganda oficial del momento que anima a los ciudadanos norteamericanos a construir refugios nucleares en su jardín. La guerra nuclear ha terminado y un grupo de supervivientes espera la muerte en una playa australiana. Una muerte que llega disfrazada de nube radioactiva. Telón.

Y sin embargo, tras la cumbre de Ginebra de 1985, las armas nucleares han pasado a un segundo plano. Nuevos miedos les han sustituido, veámoslos.

2.TEMPORADA DE TORMENTA

“Así es como creo que terminará el mundo. Con risitas generalizadas de los ingeniosos que pensarán que es una broma”.
Soren Kieerkegard

Qué paren el mundo que me bajo, se decía en los setenta. Si bien entonces lo normal es que eran las personas las que estaban dispuestas, de un modo u otro, a bajarse. Ahora la cuestión radica, más bien, en ver cómo se para el mundo. Destruir el mundo en la ficción es, hoy por hoy, negocio. Buena prueba de ello es cómo Hollywood, la fabrica de los sueños, nos ha traído durante el verano de 2004 una visión del Apocalipsis convertido en entretenimiento para toda la familia.

Sin embargo, una serie B hipertrofiada como El día después de mañana, de Ronald Emmerich, cuyo casi único atractivo era el morbo de ver Nueva York destruido por una glaciación, no es tan preocupante como el hecho de que los escritores más populares que existen en Estados Unidos son, con sesenta y dos millones de ejemplares de libros vendidos, dos desconocidos a este lado del Atlántico llamados Tim Lahaye y Jerry Jenkins. Un plumilla mercenario y uno de los padres de la mayoría moral.

A lo largo de los doce volúmenes de la serie Left venid, se ha venido describiendo las tribulaciones de los justos durante los siete años de reinado del anticristo. La serie se inicia con la desaparición de los justos, elevados en cuerpo y alma a los cielos, fetos incluidos, para rápidamente centrarse en la lucha contra el anticristo, un rumano que con el cargo de Secretario General de la ONU actúa desde Irak. Los héroes son cristianos evangélicos del tipo más conservador y los villanos son abortistas, partidarios de los derechos de los gays, liberales, demócratas, católicos (el Papa es la mano derecha del anticristo), hindúes, budistas y, en general, cualquiera que se interponga en el camino de la extrema derecha. Ni qué decirse tiene que en el último volumen de la serie los villanos son arrojados al infierno.

Más allá de la deleznable calidad de tan delirante subliteratura, no resulta difícil simpatizar con el deseo de vivir en un mundo más sencillo, con claras distinciones entre buenos y malos, entre lo correcto y lo equivocado. Por desgracia, el mundo en el que vivimos dista mucho de ser sencillo, como puede comprobarse con el más elemental vistazo a lo que nos dice la ciencia al respecto.

3. EL ASTRÓNOMO REAL HACE UNA APUESTA

“La historia de la humanidad es cada vez más una carrera entre la educación y la catástrofe”.
H. G. Wells

El cambio climático, que Emmerich transforma en espantajo de feria, está allí. Se calcula que para el año 2050 la temperatura media del planeta habrá subido entre 1 y 2.5 Cº en un mundo saturado de dióxido de carbono, que no tiene por qué ser habitable para la raza humana. Y todo gracias a los aerosoles.
Volviendo la vista a otro favorito reciente como son los asteroides. El último concursante en llegar se llama 2001 pm9, con sus más de quinientos metros de diámetro podría destruir un área del tamaño de California. Nos visitará en el 2.005. Quizá el peligro no proceda del otro extremo de la escala del microscopio. Recordemos las diversas enfermedades que han saltado desde otras especies a la humanidad.

Y esto sin salir de las páginas de actualidad de los periódicos.

Para una visión más rigurosa y alejada de sensacionalismos, de los peligros que ya están a la vuelta de la esquina, lo más recomendable es acercarse a Nuestra hora final (Drakontos), del cosmólogo Martín Rees. El libro da un repaso a los pospechos habituales (los ya mencionados asteroides y calentamiento global, la contaminación, los arsenales nucleares que siguen dando vueltas por ahí, la sobrepoblación) y añade algunos nuevos: el terrorismo biológico, la nanotecnología fuera de control o los experimentos con colisionadores de partículas que podrían provocar la creación de un agujero negro articial . Esta última hipótesis, hoy por hoy, no tiene mucho peso en los expertos. Si embargo, la principal preocupación de Rees, su “favorito” por así decirlo, es el terrorismo biológico. Para subrayar su preocupación por el tema, Rees ha apostado en la revista Wired un millón de dólares a que antes de 2020, el terrorismo biológico provocará un millón de muertos.

Después de analizar la cuestión, Rees nos da sólo un cincuenta por ciento de posibilidades de sobrevivir al siglo que empieza.

4. RÍOS DE FUEGO

“Te besé en los labios y te partí el corazón.
Te comportaste como si fuese el fin del mundo”.

(U2. Till the end of the world)

En realidad los dados están trucados.

Como escribe Stephen Baxter: “El futuro tiene hoy en día mala reputación. Hace apenas algunas décadas esperábamos que nuestras vidas se verían ampliamente enriquecidas por los avances de la ciencia y la tecnología. Ahora, nos sentimos traicionados”.

Siempre ha sido así.

La primera visión del fin del mundo conocida nació hace cuatro mil años, cuando la sociedad incoaría e irania –que carecía de una clase profesional de guerreros y había permanecido inmutable durante siglos– entró en colisión con otras tribus que sí estaban equipadas para la guerra. En este contexto, vio Zoroastro la transformación radical del mundo que describe en El Bundahism. Donde un cometa colisionará con la tierra provocando un río de metal fundido.

Pero al igual que todas las demás imágenes que hemos visto, es una imagen de supervivencia. Los justos heredarán un mundo que ha sido purificado de todo mal.

En última instancia, hemos comprobado dos tipos de visiones: las religiosas –que invocan un patrón u otro de ética –y las científicas– que se constituyen en llamadas a la responsabilidad cívica; unas y otras no son tanto imágenes del final como de nuestra supervivencia a ese final. Nos invitan a enfrentarnos a nuestras pesadillas. Y a decir verdad:
¿Qué otra alternativa tenemos?