EL MUNDO REAL POÉTICO O LA ACRACIA

 

Por Jesús Lizano


El Comunismo es la máxima aspiración de la especie humana desde que salió del Mundo Real Salvaje, en el que siguen otras especies y comenzó este Mundo Real Político en el que seguimos. Hay que comprender y sentir un gran respeto más allá de todas las abstracciones, delirios y destrucción por todos aquellos que se entregaron de buena fe a lograrlo y a analizar serenamente por qué aún no lo hemos conseguido.
Digamos, primero, por qué es el Comunismo la máxima aspiración humana: porque el llegar a él significaría acabar con este Mundo Real Político, es decir, dejar de centrar nuestro vivir en la lucha por el Poder, divididos en dominantes y dominados, confundidos entre todo lo que nos enfrenta y enloquece. Significaría alcanzar la inocencia, vernos todos, absolutamente todos, compañeros, frente a problemas comunes reales, formando, como formamos, una misma especie, superando los montajes, las retóricas, la pancracia que aún nos determina.

 

Dominantes y dominados

Hasta ahora dos comunismos se han destacado en su intento de lograr esa aspiración aparte de otros “ismos” menos determinantes: el religioso (“la comunión de los santos”) y el político (que nos ve como fragmentos de lo social). Ambos comunismos no han logrado superar la locura de la lucha por el Poder y todo lo que ello implica, sustentado sus ideales en un Poder o en otro y han seguido sometiéndonos no sólo a la división en dominantes y dominados sino que no han visto cómo para ser todos compañeros es preciso ser todos únicos, es decir, ser libres en nuestro pensar y sentir (ver LIZANIA). No han visto suficientemente que los seres humanos no sólo tenemos una gran capacidad de planificación y ejecución (claves de esa lucha por el Poder impuesta en la vida exterior) sino que además somos creativos, sensibles y conscientes (lo que implica nuestra vida interior). Nuestra identidad no puede basarse en todo aquello que implica esa división en dominantes y dominados (un sinfín de nombres y definiciones lo declaran) sino lo que significa ser humano, un ser individual, no sólo social y natural, una identidad cada uno de nosotros. Es decir: superar el Mundo Real Político, salir de él como salimos del Mundo Real Salvaje.

La conquista de la inocencia

Hay otro comunismo que, a mi entender, puede lograrlo: el Comunismo Poético, es decir, el que comprende que sólo siendo únicos podemos ser compañeros y superar todo lo que nos divide, enfrenta y tantas veces destruye. Ese comunismo ya ha tenido un comienzo: el Comunismo libertario, el humanismo libertario, el que comprende que ese ideal al que nos dirigimos, esa tierra prometida, no puede ser la que promete el Comunismo religioso, ni la que trata de imponer el Comunismo político sino la consecuencia de la evolución del proceso de nuestra especie entre al destrucción y lo creativo.
La conquista de la inocencia a la que me refiero en mis poemas, es la conquista de esa tierra, la superación de las enfermedades de nuestra Razón, el racionalismo y el irracionalismo, aún no detectadas y que trato de revelar en LIZANIA.

Desde hace tiempo esta tierra es para los libertarios la Acracia, la Anarquía, lo que yo llamo el Mundo Real Poético (como señalaban las pancartas de la manifestación Poética por las Ramblas de Barcelona que animé hace años). Y cómo es que ese Comunismo libertario no llega a todos los seres humanos que sufren las consecuencias de esa pancracia, de la locura por el Poder. Porque ese comunismo, sigue siendo político en muchas de sus formas y en el que el fondo poético, que sin duda existe y descubro, espera una mayor evolución (porque son otros los contextos históricos), una mayor aclaración en lo que es la vida exterior (la planificación y lo ejecutivo) y la vida interior (la libertad de pensar y sentir). Estamos ante una transformación del concepto poético de literario, estético y elitista en humanismo poético y del concepto político, de árbitro o estructurados en clave de la lucha por el Poder entre los dominantes ignorando a los dominados; es más, mentalizados, manipulados y, llegando el caso, sacrificados (visto todo esto, con ojos políticos y libertarios…).

Debemos comprender la gran complejidad que nos abruma y lo difícil que resulta el desarrollo de nuestra vida interior, que sin libertad de pensar y sentir ya no es nuestra, en esta vida exterior que nos impone lo social y lo natural. Precisamente en esa libertad se basa el Comunismo poético. El fondo de lo humano siempre ha sido ese ideal, no podría ser otro: el pleno desarrollo del pensar y del sentir. Las formas, hundidas en toda la retórica y la falacia de esas enfermedades se pierden en la lucha por el Poder y el fondo humano difícilmente aparece en las vidas concretas, perdidas en una vida exterior llena de falsos problemas sometiendo las vidas a las ideas. Y qué ideas. ¿Cuántos siglos tardamos en salir del Mundo Real Salvaje? No nos extrañemos de lo que hemos de protagonizar y nos ha de protagonizar para salir del Mundo Real Político pero es indudable que en nosotros y entre nosotros existen claras referencias a esa tierra prometida, a una plenitud que como seres vivos merecemos. Nuestra exigencia es muy superior a la del resto de las especies pero el proceso de todas conduce a su realización, a su plenitud que como seres vivos merecemos. Otra cosa es que debido precisamente a esa complejidad nunca la alcancemos como especie, pero anhelar esa plenitud (entre nuestros límites y posibilidades) en lugar de luchar por el Poder (en todas sus variantes) es lo que puede hacernos realmente humanos, el predominio del pensar y el sentir libremente sobre el planificar y ejecutar y no al revés.

Hay mucho que pensar, que hablar, que comprender, que soñar, que superar… No sólo hacer. No en vano, sin lugar a dudas, nuestra especie, es una especie heroica, descubridora de la Tragedia y de la Belleza.

A dónde vamos y de dónde venimos

Aunque Rubén Darío dijo en su poema Lo fatal que no sabemos ni a dónde vamos ni de dónde venimos, yo creo que sí: Venimos del Mundo Real Salvaje (en donde sigue el resto de las especies) y vamos al Mundo Real Poético (a la Acracia) que implicará, si llegamos, la plenitud de nuestra especie. Pero es muy importante saber en dónde estamos: estamos en el Mundo Real Político (en la estructura dominantes-dominados, en la lucha enloquecida y enloquecedora por el poder, en donde las ideas –y qué ideas- están por encima de las vidas, llenas de falacias, de mitos, de montajes, de mafias, de retóricas…). Y lo que ocurre es que en realidad no vamos, no nos movemos, no avanza la especie hacia esa plenitud coherente con nuestra realidad de seres no sólo planificadores y ejecutivos sino conscientes, sensibles y creativos. Es evidente que debemos intentar cambiar la estructura, construir la asamblea que elimine esa dualidad, edificar el ideal anarquista que, en modo alguno, puede alcanzarse partiendo de la lucha por el poder, sino al ir logrando la libertad de pensar y sentir y así, poco a poco, serán cada vez más los seres humanos convencidos de la posibilidad de ese cambio, coordinando lo natural, lo social y lo individual. Sólo nos falta es esta descoordinación en la que vivimos, lo que implica aquello que nos habla de lugares de donde venimos y a donde vamos impensables realmente. Y convencernos de que caminamos como especie, que no es la sociedad, sino la especie la que nos une. Y es que resulta que somos la misma especie y tenemos los mismos problemas esenciales y todas esas fronteras, divisiones y diferencias impuestas por el dominio que nos enfrentan y dividen dejarían de hacerlo una vez viéramos lo que somos realmente. Sólo así veremos de dónde venimos y a dónde vamos, si es que antes no nos autodestruimos a causa de esta estructura al parecer irremediable en donde estamos.

Claro que el comunismo es el máximo ideal de lo humano. Pero lo poético, el que vislumbra ese cambio de estructura, el que ve la posibilidad de la coordinación de nuestra complejidad, plenitud sólo imaginable cuando hay libertad de pensar y sentir para vernos únicos y compañeros. Todos. ¿Cómo está nuestra especie en estos tiempos? ¿No causa una gran preocupación tanta locura? Aunque si resulta que sí son los dominantes los que sienten y piensan por todos, si los dominados, la inmensa mayoría, no pensamos ni sentimos en libertad, ni vamos ni venimos, ni estamos, ni somos, qué tenemos de humanos sin esa libertad. Pero es que a su vez los dominantes: ¿piensan y sienten libremente sometidos a la locura del dominio, al racionalismo y al irracionalismo que los enloquece? Al sufrir este Mundo Real Político del que no salimos me pregunto si para esto salimos del Mundo Real Salvaje. Y es que esa libertad de pensar y sentir, esa vida interior tan manipulada y confundida nos conduce a la inocencia, es decir, al vernos todos a la vez que únicos, libres, compañeros. Y es que si la especie no avanza hacia la inocencia, que es avanzar hacia la Acracia superadora de esta Pancracia terrible, no podemos hablar de plenitud, en un grado o en otro, como individuos tan necesitados de coordinar lo natural, lo social y lo individual, la vida exterior y la vida interior. Porque sin la vida exterior es impensable la vida interior, pero sin ésta qué es aquélla. No puede ser que unos dominantes coordinen por todos. El primer paso es ser conscientes de que la coordinación de todo es obra de todos, superando la subordinación, trágica tantas veces, de unos, los más, a otros, los menos. El Mundo Real Poético, la Acracia, no es una utopía, es un destino, es un proceso inherente a aquellas cualidades que nos hicieron salir del Mundo Real Salvaje. Mucho hay que pensar, que desmitificar, que sentir, para que lleguemos a donde vamos. Pero el comunismo poético ya es una realidad en nuestra vida interior si se tiene libertad de pensar y sentir, si nadie piensa y siente por nosotros. Y esta realidad lo hace pensar como posible en la vida exterior, asumiendo nuestras posibilidades y nuestros límites reales.