LA   RED


La imaginación es poder
José Cervera
jcervera@perogrullo.com

La capacidad de ver lo que no existe: eso es la imaginación. Y con esa capacidad aparece la posibilidad de cambiar lo que hay, porque es imposible modificar algo si se está convencido de que no hay cambio posible; de que el Universo es tan estático como frío y ajeno. Nada puede crearse si no se puede crear en la mente un nuevo mundo, algo distinto de lo que los sentidos nos indican que es real. La capacidad de imaginar es el prerrequisito de la acción; el único y verdadero poder del ser humano. Es lo que define la humanidad: nuestra esencia.

En algún momento del Pleistoceno se inventó la imaginación y el mundo cambió para siempre. Un extraño mono bípedo, miembro de un grupo de extraños monos bípedos descendientes de antepasados arbóreos pero que vivía en la sabana, integrado en una compleja estructura social para asegurar su supervivencia y dotado con un cerebro capaz de enfrentarse a ese mundo hostil, tuvo una malfunción en ese cerebro especial. En lugar de contemplar la sabana entre parches arbolados, las hierbas, las rocas y ríos de sus alrededores, los animales que los mataban y las carroñas y raíces que comían aquel mono bípedo en particular sufrió una alucinación: como efecto secundario de la complejidad de su procesador cerebral y con la ayuda, tal vez, de algún golpe en la cabeza vio en lugar de la realidad, otra cosa.

Se vio a sí mismo empuñando una rama, no para golpear el suelo y espantar a otros monos bípedos, sino para espantar hienas de una suculenta cebra matada por leones con mucha carne aprovechable aún. O usada como herramienta cavadora para extraer las suculentas raíces que constituían parte clave de su dieta. O como desesperado medio de defensa contra un leopardo que amenazaba al disperso grupo. Aquel homínido cruzó un umbral vital para cambiar el mundo, puesto que por primera vez fue capaz de verlo no como era, sino como podría ser. Su sistema nervioso, estrechamente sintonizado con la captación de la realidad y del entorno, por el cruel procedimiento de matar a millares de sus antepasados que no lo hicieron, por primera vez había abdicado de la realidad pero no como distracción, sino como planificación.

Había nacido la imaginación. Con ella, nació el poder.

El poder real de sobrevivir: con palos, y luego piedras en las que era posible imaginar filos para luego construirlos, aquellos monos empezaron a comer mejor, a vivir más, a tener más hijos imaginativos que a su vez inventaron nuevas realidades antes inexistentes. El ciclo empezó a acelerarse ante el rotundo éxito que podían mostrar quienes usaban aquel nuevo y poderoso arma (la imaginación) frente a los que carecían de ella. Los imaginativos ganaron, y se hicieron cada vez más y más imaginativos, cada vez mejores en la tarea de transformar la imaginación en realidad. Imaginaron imperios, y los construyeron. Imaginaron pirámides, y las erigieron. Imaginaron leyes, relaciones comerciales, tratados y documentos, y las redactaron y luego rompieron. Imaginaron ciudades, cultivos, barcos, continentes, y vivieron en y con ellos. Como efectos secundarios hubo mitos, religiones, ideologías, nacionalismos. Hubo arte, cotilleo, maledicencia, novela. Una vez creada y poderosa, la imaginación no podía frenarse. Una vez nos modificó e hizo poderosos, la imaginación no pudo embotellarse de nuevo.

Aquel simple invento, un chispazo cerebral en un mono desgarbado, un fallo de la maquinaria cognitiva producto del exceso de neuronas, un relámpago de irrealidad, cambió para siempre la historia. Nos cambió para siempre. Ahora estamos condenados a usar la imaginación, a ver no sólo lo que hay, sino lo que podría haber. A estar siempre insatisfechos. Tal vez aquel accidente no fuera tan maravilloso, después de todo.

Enlaces:

www.gruposurrealistademadrid.org

www.lallavedeloscampos.com

www.imaginofuzzi.blogia.com