LA   RED


Absolutos
José Cervera
jcervera@perogrullo.com

Robo de elecciones mediante conspiración de las cloacas del Estado frente a justo castigo por las mentiras y la guerra. Asaltos a la sacrosanta libertad de expresión frente a ocupaciones privadas del espacio público con connivencias políticas. Empecinamiento torticero en ocultar la realidad frente a suicida empeño en recuperar por las malas lo que se perdió por las buenas. Regreso al franquismo, frente para el regreso de la república. Memoria parcial frente a parcial memoria. Ruptura de España, frente a España Imperial.



No hay término medio. Ni verdadero recuerdo. Ni interés en la verdad, en ninguna verdad. El panorama político del momento se basa en exageraciones, trampas y chapuzas, botes de pintura blanca y negra y acusaciones al otro de traición y odio. De cainismo y rechazo del perdón y la buena voluntad. De exigencias de que alguien, quien sea, preferiblemente mi enemigo, pague por esto. De olvidos. De sangre.

Dime de qué acusas y te diré cómo piensas.

La democracia es un sistema que se basa en la posibilidad de la alternancia de poder. Esta mera posibilidad impone límites sobre quienes ocupan los cargos del gobierno, puesto que lo que hagan les podrá ser hecho, y los registros caerán (tarde o temprano) en poder del rival político, que podrá utilizarlos a su favor. Hay, por tanto, leyes que no pueden violarse, secretos que no pueden guardarse, responsabilidades que no se pueden hurtar. Cualquier gobierno con ínfulas de eternidad será infinitamente corrupto, aun uno formado por ángeles. Pues la carencia de responsabilidad hace monstruos de la gente. Una persona que puede sin límites hacer su voluntad acaba por transformarse en bestia.

De ahí que la democracia sea menos mala que el resto de los sistemas de gobierno. La corrupción se limita en el tiempo y la intensidad por la existencia de otros que pueden usar esa corrupción contra ti. Algunos límites no se pueden sobrepasar, algunas leyes no se pueden violar, algunas cosas no se pueden hacer cuando enfrente otro como tú puede detectar esos abusos y puede usarlos para quitarte el sillón. La definición misma de dictadura, cualquier dictadura, es un régimen en el que no existen límites, en el que vale cualquier abuso, en el que ceden todas las leyes. Un régimen en el que no hay oposición.

La dialéctica de la democracia impone límites al gobierno en su ejercicio. Y también impone límites a la oposición. Como dijera en tiempos un prócer de la transición, hay cosas que no se deben hacer; pero si se hacen, no se deben decir; y si se cuentan, se deben negar. También hay acusaciones que debieran ser literalmente impensables en un régimen democrático; que de lanzarse debieran respaldarse con pruebas abrumadoras y aplastantes. Si no, mejor callar.

Pero cuando los cambios son bruscos e inesperados la ira se impone, la incredulidad manda, la ecuanimidad se desvanece. Los errores se interpretan como traiciones, las sospechas transforman las coincidencias en conspiraciones, los neutrales se transforman en enemigos. Todo lo que no puede ser pintado con el más blanco de los blancos pasa a ser negro, y la sospecha se abate sobre todo y sobre todos los que no apoyen la línea nítida de la verdad revelada. Al mismo tiempo los culpables de descuido o incuria, acusados de traición y dios sabe qué más, niegan su cooperación y no admiten lo evidente, entorpeciendo la investigación. La turbiedad de las aguas favorece a quienes ganan con el caos y alimenta las sospechas de quienes se niegan a creer. Otros no se extrañan de que haya quien asesine por el poder, pues reconocen la tentación. Solo quedan tirios y troyanos. Hay que morir o matar.

Suenan de nuevo los ecos de aquella España que negaba al adversario hasta la vida; los recuerdos de la ética maniquea de los colores puros y la sangre sin mácula. Los absolutamente blancos rechazan por completo a los del todo negros, y viceversa, obligando ambos a alinearse a los que están en medio bajo pena de enemiga mortífera. Se niega a quien es conciudadano y vecino el pan, la sal y el agua, mientras se tolera al correligionario la estulticia, la mendacidad y hasta la maldad, siempre por una buena causa. Quienes entienden las razones y sentimientos de todas las banderías son los primeros en caer. Y así los absolutos preparan la demolición de la convivencia. Pues la verdad, su única, pura y sagrada verdad, es más importante que su vida. Que cualquier vida.

Y en el nombre de los absolutos preparamos la matanza.

Enlaces:

www.rebelion.org : Otra opinión diferente de los grandes monopolios de comunicación.

www.monografias.com/trabajos/democracia/democracia.shtml : Opiniones acerca de la democracia y sus alrededores.

www.monografias.com/trabajos/democracia/democracia.shtml : Comentarios sobre la política española, del profesor Luis Bouza-Brey, de la Universidad de Barcelona.