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Entrevista a Javier Corcuera

 

ENTREVISTAS

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Foto: Juan Manuel Martínez

 

Por María Chico

 

ENTREVISTA A JAVIER CORCUERA ANDRINO

"Hay gente que, incluso en la situación más extrema, no se da por vencida"

 

Madrileño de adopción y siempre con un pie en Perú, Javier Corcuera Andrino, de 33 años, acaba de presentar su primer largometraje, La espalda del mundo, en la 48º edición del Festival de Cine de San Sebastián, acompañado por el cineasta y productor Elías Querejeta y por su amigo Fernando León en la elaboración del guión. Ha obtenido, junto con Arturo Ripstein, el Premio Internacional de la Crítica del Festival.

Aunque nació en Lima, Javier Corcuera se siente madrileño, ya que llegó a esta ciudad en 1986. Estudió cine en Perú y se licenció en la Facultad de Ciencias de la Imagen, en la Universidad Complutense de Madrid.

Ha trabajado como profesor de realización y dirigido documentales, entre los que destacan Minuesa, una ocupación con historia (1994); IZBJEGGLICE (Refugiados, 1995); Perú , presos inocentes(1996); Familia, Making of, 1997); Chiapas, hablan los rebeldes (1998); Doñana, memoria de un desastre (1998).

 

 

¿Qué aprendió en la Facultad de Ciencias de la Imagen?

Yo no tengo mal recuerdo de la universidad. Siempre que se habla de la universidad parece que hay que meterse con ella. Para mí fue, sobre todo, un lugar de encuentro, donde conocí a gente interesante, donde hice amigos, Fernando León, entre otros. El principal defecto es la falta de prácticas. La formación es muy teórica. Creo que hasta que no solucionen el problema de la oportunidad de hacer prácticas, de realizar, de poder ser director de fotografía, montador, o lo que se quiera, difícilmente llegará a ser una escuela de cine.

 

¿Por qué se te ocurre hacer este largometraje?

En realidad la idea de hacer un largo fue de Elías Querejeta, porque yo me enteré que Elías pensaba hacer un documental sobre derechos humanos con motivo del 50º aniversario de la Carta de Derechos Humanos de la ONU. Entonces, un día subí a la oficina y le propuse mi idea como documental, centrada en una historia con cuatro relatos, cada uno basado en cuatro derechos fundamentales. Y Elías fue el primero que dijo: "no, yo quiero que esto sea una película, y quiero que sea tu primera película". Yo me pegué un pequeño susto, pero asumí el reto, y luego ya hubo largas conversaciones sobre el desarrollo del trabajo con Elías y con Fernando León, también coguionista. Empezamos a escribir el guión y lo discutíamos mucho. Se hizo un primer guión y después, con el material rodado, se hizo el guión definitivo. Fue un trabajo muy de montaje.

 

La primera historia de la película se desarrolla en Perú. ¿Cuál es tu opinión, como peruano, de lo que está pasando ahora en el país andino?

Alberto Fujimori, desde que dio el autogolpe en 1992, se ha caracterizado por su talante antidemocrático y además ha violado sistemáticamente los derechos humanos, no es una cosa nueva. Fujimori, desde que empieza su mandato hace una batalla contra la oposición: encarcela inocentes, detiene periodistas, cierra medios de comunicación, se hace con el poder judicial... Desde el año 92 esto ha funcionado así. Ha llenado las cárceles, hay cárceles realmente de exterminio.y ahora parece que es cuando la gente se da cuenta. Yo creo que lo que está pasando es que la gente ha perdido el miedo, porque ha habido mucho miedo, y han salido a la calle. A pesar de que no existe una oposición muy cohesionada, más o menos la gente se ha organizado. Y cuando un régimen se ve tambalear suceden cosas como ésta: han tenido que sobornar gente. Pero Fujimori es de los tipos más astutos. Ha engañado a todo el mundo siempre, y no me fío absolutamente nada de lo que está tramando ahora. Yo creo que Perú está entrando en una situación bastante complicada. Creo que el comunicado de Fujimori es una estrategia para ganar tiempo, creo que algo trama, y no sé que puede suceder, pero no confío en la buena voluntad de Fujimori. Por cierto, el Gobierno español apoyó de forma rotunda las últimas elecciones generales de Perú, claramente fraudulentas, como reconoce la comunidad internacional.

 

En tu primera historia, El niño, se demuestra cómo la infancia en Perú dura muy poco, ¿por qué?

La situación económica en Perú obliga a incorporarse a los niños al mercado laboral desde los cinco o seis años de edad: en el trabajo familiar, o como autónomos, solos en las calles, etc. Es evidente que la política neoliberal del Gobierno lo que ha hecho es que crezcan las bolsas de trabajo infantil. En los últimos años se han incorporado más niños al trabajo infantil.

 

¿Qué importancia tiene para ti la libertad de expresión ?

En la segunda historia, La palabra, se narra la supervivenicia de la kurda Leyla Zana, que está encarcelada por decir lo que piensa ante el Parlamento turco, donde ocupaba un escaño. Simplemente por decir dos palabras en kurdo, sobre la hermandad de los pueblos kurdo y turco, lleva seis años en una prisión de Ankara, Turquía, de una condena de 15 años. Su marido, Medhi Zana, primer alcalde kurdo de Diyarbakir, también pasó 16 años en la cárcel. La libertad de expresión es un derecho fundamental.

 

¿Cuál es el panorama del cine en Perú y en el resto de Sudamérica?

Bastante precario. El año 2000 ha sido de los mejores años para el cine peruano y sólo se han producido cuatro películas. Además, Fujimori acabó con una ley que apoyaba al cine nacional. Hay muy pocas oportunidades de producir. Y en el resto de Sudamérica, la solución también es la coproducción con Europa o Estados Unidos. De las escuelas de cine que conozco, creo que la que mejor funciona es la de San Antonio de los Baños, en Cuba.

 

¿Cómo se logró rodar en lugares tan complicados?

La labor de producción ha sido importante. Hemos tenido que rodar en lugares que daban verdaderas complicaciones, como el corredor de la muerte en Texas, o en Diyarbakir, ciudad del Kurdistán. Por ejemplo, en la tercera historia, La vida (EEUU), pudimos contar con el trabajo de gente que desarrolló muy bien su función. La excusa para poder entrar y hablar con los condenados a muerte, los funcionarios y el sacerdote fue la de que realizábamos un documental sobre sistemas penitenciarios de todo el mundo. Los funcionarios no sabían, evidentemente, qué película se estaba grabando. La película tardó en hacerse aproximadamente un año y medio, en cuatro países diferentes: Perú, Suecia, EEUU y Turquía.

 

¿Qué responsabilidad tiene Occidente en las situaciones de supervivencia que refleja la película?

Creo que Occidente tiene responsabilidad en el problema kurdo, y en la situación actual de la división del pueblo kurdo. No olvidemos que Europa vende armas a Turquía, que es un aliado estratégico de Occidente. En el caso del Perú, existe una responsabilidad desde el punto de vista económico. Y una de las historias de la película transcurre en el país más poderoso del mundo, Estados Unidos.

 

¿Qué distancia hay para ti entre la espalda y el ombligo del mundo?

Un abismo. Las diferencias entre los que disfrutan del "lado desarrollado" del mundo con los que viven al otro lado es un abismo. Pero la espalda del mundo no sólo está en los países pobres o poco desarrollados, sino que está en cualquier sitio, como en Estados Unidos, en Europa, en el Estrecho de Gibraltar.

 

¿Qué sensación tuviste en el corredor de la muerte, en Texas?

Pues la sensación de estar en la sala de ejecuciones, donde el crimen es legal. La sensación es de horror, y me pregunto cómo una sociedad que se dice avanzada puede idear un crimen legal, de la forma más higiénica del mundo: permitir ducharte, elegir entre dos uniformes...

 

Vista la película, lo que más me impactó fue la capacidad de supervivencia que tienen algunas personas en las situaciones más extremas.

Efectivamente, muchas de las personas a pesar de ser víctimas no estaban vencidas.

 

La importancia de los familiares frente a la pena de muerte.

Un punto de vista que no se había tocado mucho es la posición de los familiares de los presos. Una de las razones que se argumentan a favor de la pena de muerte en EEUU es que es una forma de hacer justicia con los familiares de las víctimas; es una forma de que ellos se sientan retribuidos por la justicia y que se sientan mejor, y que va a contribuir al proceso de curación. Nosotros cogimos el lado contrario: qué sucede con los familiares de esos presos; a ésos quién los cura después de esa experiencia traumática (de la ejecución). En la película, también es muy interesante la aportación del padre de una víctima porque su posición frente a la pena de muerte cambió a partir de que conoció a los familiares del convicto. Él nos dijo que, con la pena de muerte lo único que se genera es el mismo dolor que siente él en otras personas: los familiares del futuro ejecutado. Su punto de vista es que al aplicar la pena de muerte lo único que se consigue es ampliar el número de víctimas, de gente como él, y que no tiene ningún fin social, ya que los presos estaban ya encarcelados y no podían hacer daño a nadie. Nos explicó que, desde luego, la ejecución no servía en su proceso de curación, incluso lo agravaba.

 

La supervivencia está presente en las tres historias de la película.

Surgió a partir del rodaje. La espalda del mundo, los corredores, la gravera en Perú, las familias de refugiados dispersas, hay gente que a pesar de todo no está vencida. A pesar de vivir en condiciones tremendas, de haber sufrido torturas, de haber estado diez veces con fecha de ejecución, etc., a pesar de eso resisten y no se vencen.

 

¿Por qué no se rinden?

Yo creo que determinadas personas consiguen resistir las situaciones más adversas. Creo que hay gente, como Leyla Zana, o como el niño de la primera historia, Guinder, al que las condiciones económicas de extrema pobreza le impiden ser niño, pero él encuentra sus pequeños espacios para poder serlo. El ser humano busca donde no hay para poder resistir y agarrarse a un trozo de vida.

 

¿Elías Querejeta es un productor valiente?

Sí, es un productor que arriesga. Para mí trabajar con él es un aprendizaje. Es una persona que puede detenerse en pequeños detalles, podemos hablar horas sobre una palabra que sale en la película o de una pequeña sutileza del montaje. Creo que en esta película ha arriesgado mucho.