Manuel Funes Robert, Técnico Comercial y Economista del Estado,
además de licenciado en Derecho, trabaja, actualmente, como profesor en la Escuela
Superior de Gestión Comercial y Marketing (ESIC). A lo largo de su vida, no ha parado de
ejercer la crítica al pensamiento económico y ha elaborado toda una teoría, que
podríamos llamar "funesismo", cuyos últimos descubrimientos integran dos
corrientes del pensamiento claves: el marxismo científico y el keynesismo, para tener una
base doctrinal, política y económica, que resuelva la actual situación de precariedad
laboral e inseguridad general; un análisis clarividente en contra de la tiranía de la
macroeconomía, de la globalización y del fondo Monetario Internacional. Una respuesta
frente al pensamiento único y la globalización, que descubre las paradojas e
incongruencias del liberalismo.
Generación XXI.- ¿En qué punto se encuentra tu investigación sobre
las relaciones entre economía y globalización?
Manuel Funes Robert.- Nadie ha planteado todavía la contradicción
fundamental del liberalismo, ahí va dirigida mi obra. Hemos visto que toda la OPEP en
bloque y, por tanto, toda la demanda de petróleo concentrada en una sola mano, carece de
poder para poner el precio a nivel universal, porque, en realidad, son los mercados
financieros los que determinan la relación Euro-Dólar, los que tienen el poder para
determinar el precio del petróleo, y los que toman la decisión para cualquier otra
mercancía que pase de una frontera a otra.
¿Esto qué significa para un liberal? Que al llevar la libertad de
movimiento de capitales como parte de su ideal y al contar con la ley de la oferta y la
demanda como el mecanismo social mejor posible, porque es lo que lleva al precio justo,
esa ley queda desnaturalizada en el orden internacional, precisamente por ser llevada a un
terreno equivocado: el terreno de las monedas. Si no ven la diferencia esencial que existe
entre las monedas y las mercancías, se equivocan.
Esa generalización impropia de que el dinero es una cosa más, es una
desgracia intelectual para el liberal, de igual manera que para el marxista fue una
desgracia intelectual decir que el trabajo era una cosa más; tanto el dinero como el
trabajo son cuestiones radicalmente diferentes al resto.
Mucho se ha hablado de las contradicciones del capitalismo. El
marxismo, con todas sus profecías, es la contradicción del capitalismo, que supo
resolver el problema de la producción, pero no resolvió el problema de la distribución;
y ese pecado original del capitalismo acabará con la ruina del propio capitalismo: ésta
es la profecía marxista.
GXXI.- ¿Cuál es tu concepto del dinero?
M.F.R.-El dinero ha sido una cosa valiosa que funcionaba por ser
fácilmente fraccionable, movilizable y estimado, por eso al principio se utilizó el
patrón oro. Pero el salto de gigante que dio la humanidad fue pasar del metal al papel;
lo que supuso que el dinero se convirtiese de cosa en nombre y de dato en variable. Así
que el dinero es un nombre en papel que vale por la firma que tiene y por la aceptabilidad
de la que goza. Antes, la gente no aceptaba que una cosa que valiera para todo no tuviera
valor intrínseco.
Sin embargo, la esencia del dinero es que hoy, y para siempre jamás,
nace de la nada, sirve para todo y no cuesta nada, sólo una simple orden. Los príncipes
se pasaban la vida buscando la piedra filosofal que, finalmente, resultó ser una
imprenta. Y ese fue un hallazgo positivo, porque ha quebrado la teoría económica que se
funda en el hecho de que los medios de producción son escasos. Pues bien, ahora el
capital no tiene más límite, nominalmente hablando, que la voluntad política. Con la
independencia de los bancos y la libertad de movimientos de capitales, se ha privatizado
la creación del más público de todos los bienes: el dinero.
GXXI.- Y, ¿cómo el dinero se ha convertido en un objeto de comercio
para una minoría, creando, de hecho, un anti-mercado?
M.F.R.- El cambio de la naturaleza del dinero se produjo en torno a
los años 30. Fue entonces cuando el dinero, como acabo de indicar, se convirtió en un
nombre. Pero ahora te pregunto: ¿cuánto vale un billete de mil pesetas en España? No
puedes responder porque en España no es objeto de comercio. En París, sí tiene sentido
esta pregunta, porque me cambias las pesetas por francos. El dinero que ha pasado de cosa
a nombre, puede ser nombre cuando traspasa las fronteras. El mercado de las monedas es un
mercado de objetos de comercio, porque se buscan y se venden alterando el precio. El paso
de cosa y dato a nombre invariable. El dinero, a tener dos naturalezas, se manifiesta de
una u otra forma según dónde se encuentre. Por eso la peseta pasa de ser un nombre en
España a ser una cosa en otro país.
La inmensa mayoría de los españoles, como consumidores, desean que el
dinero sea abundante y barato; pero los que lo ven como objeto de comercio, la mayoría
poderosa, quiere que sea escaso, caro y, sobre todo, que sea móvil. La movilidad es muy
importante para ellos porque así pueden aprovecharse de la bajada y la subida de los
precios. La especulación entra aquí, y llamamos especulación a toda actividad lucrativa
que no tenga repercusión positiva en el mundo de los bienes reales, que es de lo que
depende la felicidad material humana.
¿Qué crisis monetaria hay en el mundo que no se solucione pidiendo
dinero al Fondo Monetario? Se ha metido en la cabeza de la gente que la única fuente de
dinero son los mercados financieros y el FMI; el dinero válido es el que viene de fuera,
no el propio. De esta manera, cada país se hace esclavo de los mercados exteriores. Para
que mi dinero valga, hay que sacarlo de casa, la inversión válida es la extranjera.
La cultura de que el dinero válido sólo es el que viene de fuera es
una memez; entre otras cosas porque el dinero que viene de fuera también tiene patria y
también está hecho por una máquina.
En Europa el problema parece que se resuelve con la unificación de
moneda al poder llevar los euros de un país a otro. Pero el problema que parece que se
resuelve en Europa se agrava en realidad, porque ya la ley de la oferta y la demanda no va
a determinar el nivel de precios de un país respecto a otro, sino de un área respecto a
otra. El mundo se parte en dos si no hay más que dos monedas. Basar la libertad del mundo
de capitales actual sobre la división de esas dos monedas proporciona a los mercados la
posibilidad de fijar los precios de medio mundo respecto a otro, y este poder es ilícito
por su enormidad y sus consecuencias y, sin embargo, es consecuencia natural del ideario
liberal.
Ya quisieran los liberales haber caído en tantas contradicciones como
dicen que cayó el marxismo; al revés, ahora el marxismo científico resurge: la
evolución de la sociedad humana está gobernada por dos fuerzas: el progreso y la
evolución de los medios de producción y la privatización de los medios de producción
que es la causa de la división de la sociedad en dos clases: el telar de mano, sociedad
feudal; el telar de juncos, sociedad capitalista; pero el telar de mano era propiedad de
quien lo manejaba; no el telar mecánico.
Pero ¿qué decía Marx del dinero?: que todas las mercancías
equivalían a oro. Nunca imaginó que el oro pudiera ser sustituido por papel, porque
entonces el dinero de las naciones se vendría abajo. Por eso deseaba nacionalizar los
medios de producción, al ser el dinero uno de ellos y, además, el motor económico.
Ya tenemos la evolución como uno de los factores base del pensamiento
marxista; la segunda es la explotación masiva de la privatización de ese medio, y ese
medio se privatiza mediante la independencia de los bancos centrales y la libertad de
movimiento de los capitales. Acabo de resucitar el esquema marxista fundamental. Hay una
clase interesada en privatizar y en gozar de la privacidad de ese dinero libre;
privatizado en su origen y privatizado en sus movimientos.
Y esto qué significa, que estoy con el movimiento marxista originario
considerando el dinero como medio de producción.
GXXI.- Y, ¿cuáles serían las clases resultantes, actualizando a
Marx?
M.F.R.- En primer lugar, la clase dominante, la que tiene poder y
que es aquella para la cual el dinero es un objeto: financieros, políticos que ceden y
economistas a su servicio. Y la segunda clase, sería la resultante de la anterior y
estaría formada por el obrero y el empresario, ambos juntos como víctimas. Por lo que la
globalización no es más que la manifestación moderna de la nueva lucha de clases; el
mundo va por ahí.
Ante esto, es necesaria una doctrina de ataque, una doctrina que
justifique que el dinero no lo haga el poder público, sino el privado.
Así, la izquierda puede tener un objetivo en cuyo origen se encuentran
los principios del marximo científico, si se considera hermana de la clase formada por la
derecha empresarial. Los empresarios, a su vez, deben saber que el liberalismo que dice
protegerlos les ahoga con la financiación, y sólo les ofrece como arma la flexibilidad
laboral y magnificar la sensibilidad laboral que sirve para mantener vieja la lucha de
clases típica y enfrentar al obrero con el empresario para que no se entere que están
formando una sola clase.
Lo que yo sé es en qué dirección me debo mover: más dinero mientras
no haya pleno empleo de personas y de equipos, y no más dinero cuando llegue al pleno
empleo. El pleno empleo es un límite borroso, grueso pero suficientemente orientador.
GXXI.- Y respecto a todo esto, has realizado también una crítica
complementaria sobre la llamada "tercera vía".
M.F.R.- A toda vía que le falte el keynesismo o el
"funesismo" -que, desgraciadamente, es necesario aunque no me lo reconozcan-, no
es válida.
Hacen falta estos complementos indispensables para pasar al ataque y
realizar una inversión propia, no extranjera.
Ahora se está viendo que cae el euro respecto al dólar. Aunque el
Banco Central de Europa tiene unas cuantas virtudes muy grandes, a España, por ejemplo,
le ha salvado de la usura para siempre. Habrá perdido la soberanía, pero qué importa si
el soberano era memo. Nadie hay en Europa que pueda cometer tantas canalladas como las
realizadas por los que dirigían la economía. Nos hemos librado de una caterva de
incapaces, gracias al Banco. Lo primero y fundamental es que se bajen los costes de
financiación, porque el dinero es la fuente de energía, el motor de la economía. ¿A
quién se le ocurre encarecerlo para que la economía funcione mejor?
Entonces, la tercera vía mientras no asuma el keynesismo se quedará
quieta cuando se produzca la inflación. Combatir la inflación con la congelación
salarial es impedir el remedio natural contra el empobrecimiento que necesariamente
provendría del hecho de subir los precios y no las rentas.
Si la tercera vía no sabe enfrentarse con el déficit, la inflación y
la congelación salarial, y si usted no admite que el dinero es un medio de comercio y no
un objeto de comercio, y que la creación de la masa monetaria y el control de los
movimientos de capitales debe volver a los Estados; los problemas no tendrán solución.