Se dice que España es país de picaresca. Sus
ojos estrábicos parecen mirar a todos los sitios a la vez: nada se le escapa. Es parte de
su apostura. "El puto Dioni" como él se denomina, riéndose de sí
mismo-, Dionisio Rodríguez Martín, decidió un buen día dejar de poner límites a su
vida de asalariado. Hace ya de esto once años. Dioni continúa pensando que hizo lo que
debió hacer, y que por ello ya ha pagado lo suficiente (tres años de cárcel por una
apropiación indebida; salió absuelto por la Audiencia Nacional). "Tengo boca para
hablar y costillas para aguantar". Se ha ganado la vida con un mesón en el pueblo
del Molar y un bar en Barajas, también como cantante ahora saldrá su nuevo disco:
"Todo sobre mi furgón", parafraseando la película de Almodóvar- y, jugándose
ya el todo por el todo, ha decidido estrenarse como escritor para relatar su propia
hazaña; "Palabra de ladrón", es el título del libro. Jovial y buen
conversador, salvo contar dónde se encuentran los trescientos millones descontados
múltiples gastos- está dispuesto a hablar sin fin, a arremeter contra todo y contra
todos.
GXXI.- ¿Quién eras antes de cometer el robo?
D.- Yo era una persona normal. De niño estudié en el Colegio del
Pilar, comencé a trabajar a los catorce años y siempre he sido un buen trabajador. Hasta
los cuarenta años, cuando me llevé el furgón, fui una persona honesta, creyente en
Dios, respetuoso con la sociedad.
GXXI. ¿Por qué un día decidiste robar?
Lo que ocurrió fue que en un momento determinado me desplazaron de mi
puesto de guardaespaldas, una categoría que conseguí con gran esfuerzo. Yo fui
guardaespaldas, entre otros, de Miguel Durán, Director General de la ONCE; de Alfonso
Escamez, Presidente del Banco Central; Eugenio Marín, director General de CEPSA... Por
esos golfos yo me jugué mi vida y, en vez de agradecérmelo, me degradan laboralmente. El
jefe de personal de la Compañía de Seguridad Candi en la que trabajaba decide
-"porque le sale de los cojones", según palabras textuales- ponerme de
conductor. Al pensar que yo me había inmolado por todos esos personajes para que después
me dejaran tirado, me entró el cabreo, el trauma, la enajenación mental. Como
guardaespaldas vivía bien, tenía lo suficiente como para llevar una vida digna; pero
todo cambió con el sueldo de conductor. Esa fue la razón; así que pasé de ser una
persona honesta a decidir robar el furgón del banco.
Fue sencillo, una mañana me levanté y lo decidí. Llamé a unos
amigos para contárselo, pero no se lo creyeron. Pero me presenté ante ellos con el
furgón cargado con trescientos millos."Jóder, dijeron, ha sido capaz".
GXXI.- ¿Por qué el mito Dioni?
Hay varias razones por las que yo me hice popular. La primera fue que,
en aquellos meses de Julio y Agosto, los medios de comunicación no tenían de qué
hablar, así que decidieron hacerlo de mí. La segunda, porque me he llevado dinero de los
más grandes ladrones de este país, que son los banqueros; todos son unos golfos; todos
sin excepción; unos declarados como Mario Conde, otros ocultos. Los dueños de los bancos
están robando el dinero a la gente trabajadora.
Ellos son tan ladrones como yo, pero yo he pagado. He estado en
cárceles de máxima seguridad como en Herrera y Alcalá-Meco; he compartido celda con
terroristas, asesinos y violadores. He pagado con creces.
GXXI.- ¿Tú crees que dentro de toda persona habita un ladrón?
Sin duda, sólo se tienen que dar las circunstancias propicias. Hay
personas que se la dan de dignas, pero me gustaría verlas con un furgón con trescientos
millones. Como dijo el otro: "que me pongan donde haya...".
GXXI.- ¿Qué opina de esta sociedad?
D.- Aquí existe un terrorismo empresarial o laboral que ahora se
muestra plenamente con el tema de los emigrantes; gente pobre con ganas de trabajar que se
encuentra con la explotación de los grandes. Pero nadie hace nada para remediarlo.
Y a mí, en cambio, continúan tratando de implicarme en un montón de
actos delictivo, porque estuve con un traficante de drogas me inculparon, ahora me
presento un día sí otro no a firmar a los Juzgados de la Plaza Castilla, y no puedo
salir de España; en cambio Oubilla está en la calle. Como caigo bien a la gente
trabajadora, los poderosos de este país están en contra mí. Tienen miedo de que salgan
otros dionis.
GXXI.- ¿El dinero da la felicidad?
D.- Sí, sin duda alguna. El dinero da la felicidad, incluso la más
sutil. De ser un don nadie que viaja en metro, pasé a tener una avioneta y una limusina,
vivir en los mejores hoteles, estar con mujeres de todos los colores. Pero eso se acabó,
del paraíso he bajado al infierno.